Playa de la Roda
La playa urbana de Altea, de piedra fina, junto al paseo marítimo. Chiringuitos, acceso a pie desde el centro y ambiente familiar.

Marina Baixa
Altea es, sin discusión, uno de los pueblos más fotogénicos del Mediterráneo. Su casco antiguo —un laberinto de calles blancas, escaleras emparradas de buganvillas y miradores repentinos sobre la bahía— culmina en la icónica cúpula de azulejos azules y blancos de la Iglesia de Nuestra Señora del Consuelo. Pero Altea no es solo postal: es un pueblo vivo, con una notable concentración de galerías de arte, talleres de artesanía, restaurantes que trabajan producto de proximidad y un ambiente bohemio y tranquilo que atrae a quienes buscan cultura, buena mesa y mar sin las aglomeraciones de otros destinos. Su paseo marítimo, sus playas de piedra y su facultad de Bellas Artes añaden capas a un lugar que se saborea despacio.
La playa urbana de Altea, de piedra fina, junto al paseo marítimo. Chiringuitos, acceso a pie desde el centro y ambiente familiar.
Al norte del centro, más tranquila y de piedra. Aguas limpias y vistas al Peñón de Ifach. Ideal para nadar y hacer snorkel.
Dos pequeñas calas entre urbanizaciones tranquilas, con aguas transparentes y ambiente local. Perfectas para desconectar.
Al pie del impresionante puente del Mascarat, entre acantilados. Acceso en coche o a pie por sendero. Un rincón espectacular y poco masificado.
La cocina alteana sigue el guion mediterráneo con orgullo: pescado fresco de la lonja, arroces (melosos, caldosos, a banda), verduras de temporada y aceite de oliva virgen extra de la comarca. El puerto concentra los restaurantes más tradicionales —mesas junto al agua, arroces y 'cruet de peix'—, mientras que el casco antiguo alberga propuestas más creativas y contemporáneas, muchas regentadas por cocineros locales que han vuelto a casa tras formarse fuera. Para tapear, las calles del centro y el paseo marítimo son inmejorables. Y de postre: los 'bunyols' de viento y la repostería tradicional de almendra.
Altea está a 55 minutos del aeropuerto de Alicante-Elche por la AP-7 (salida 64). El TRAM (línea 9) conecta Altea con Benidorm, Alicante y Dénia cada 30-60 minutos, con una parada céntrica junto al paseo marítimo. La N-332 bordea el municipio y ofrece un acceso directo a las urbanizaciones de la sierra. El coche no es imprescindible si uno se aloja en el centro, pero facilita la exploración de calas cercanas y de la Sierra de Bernia.
En Altea encontrarás varios alojamientos disponibles: apartamentos con terraza y vistas al mar, dúplex con encanto en el Piteres y villas con piscina en las laderas de la Sierra de Bernia. Nuestro equipo conoce cada rincón del municipio y la calidad de vida que se respira en sus calles. Consulta los alojamientos disponibles en el listado.